martes, 11 de noviembre de 2008

Superación

De vuelta en Cuzco tras superar una verdadera prueba de iniciación. Podemos decir que Jorge ha demostrado que ya es un hombre y Rut que vale por dos hombres.

Salimos el Jueves a las seis de la mañana para la primera etapa.

Mollepata - Soraypampa (3700m).

Tenemos un guía, un cocinero y un arriero con su hijo que nos llevan en mulas las mochilas. Nos da un poco de apuro pero es lo que hay. De todas formas, vamos a comprobar que lo vamos a necesitar.

La primera jornada es "tranquila", salvo unas lluvias torrenciales y el guía pretendiendo que pasemos por un torrente de agua, por la parte del precipicio apoyandonos en unas rocas en las que no te cabe media bota, en plan funambulista. Ni de coña. Pasamos subidos en un camíon que casi se le sale media parte para el barranco. Esto viene siendo habitual.

Seis horas de caminata con calor, lluvia y luego un frío que pela.

Llegamos a Soraypampa al pie de unas montañas gigantescas llenas de nieve. La vista es espectacular. El frío también. Nos ponemos toneladas de ropa y cenamos en una tienda con una vela.
El guia en la cena nos trata de asustar con historias de miedo de los condenados, almas en pena que se aparecen por la noche. Aficionado.
Sacamos la artillería pesada y contraatacamos con la niña de la curva de todo pueblo español que se precie. Goleamos.

A la mañana siguiente nos despiertan con mate de coca en la puerta de la tienda. Para la altura. Lo necesitaremos. Vamos a pasar el paso de Salkantay a 4600m. 8 horas de caminata.

Desayunamos y empieza la prueba de hombría.

Según vamos subiendo, cada vez hay menos oxígeno, se te pone el corazón a mil como si estuvieramos esprintando. Hay que parar cada diez minutos a recuperar el pulso porque no puedes continuar.
Rut, pasito a pasito, avanza a su ritmo. Cara desencajada, pero no flaquea.

Llegamos a los 4000 y parece que no llegas nunca.

El camino se convierte en la senda de los elefantes. Ya paramos cada 20 pasos y seguimos subiendo.

Mientras tanto, el cocinero y los arrieros pasan corriendo tirando de las mulas como si nada, mientras nosotros ni hablamos para no perder aliento.

180 pulsaciones cada tres pasos y la cima cada vez más cerca. Rut tiene la cara cerúlea y Jorge lleva la camiseta chorreando del esfuerzo.

Coronamos!!!! No podemos ni hablar, hay otros guiris llorando del esfuerzo. A nuestra derecha el nevado de Salkantay (6200m) nos recibe con una avalancha de nieve.

Disfrutamos 5 minutos de la vista y empezamos a bajar. Pese a la coca, se te revuelve la tripa y te mareas un poco por la altitud. Y el frío pelon tampoco anima a quedarse mucho.

Empezamos a bajar por una senda escarpada. el guía comenta como si nada que cuando llueve se pone un poco peligrosa. Viendo los precipicios y el suelo arcilloso se nos ponen los pelos como escarpias.

Bajamos y bajamos.
Ya empieza a notarse el oxígeno. llevamos cinco horas de caminata.

Lo mejor: Rut disfrazada con los escarpines y una capa de agua parece una mezcla de Astrako y bolsa de basura humana rodando montaña abajo.

Llegamos a un valle y nos esperan con la tienda para comer. Devoramos y nos sentamos un poco al sol.

En tres horas más estamos en nuestro destino. Un camping entre montañas al que sólo se accede por caminos de cabras. Allí nos esperan ya Eufrasio, el cocinero, Aurelio el arriero (que parece el hombre de malboro man) y su chaval. Nos han vuelto a pasar por la derecha.

El sitio es muy chulo, y cuando anochece se llena de luciernagas. Nos quedamos tontos viendo el espectaculo y nos dormimos muertos de cansancio. Lo peor ya ha pasado.

Al día siguiente seguimos bajando hasta los 1700 m. Aparece la selva y cambia el clima y la vegetación. El guía nos cuenta miles de historias que se pueden hacer con las plantas. Aquí aún utilizan mucho la medicina tradicional. En la sierra pasaba igual.

Tenemos las piernas rotas.

Esta vez los arrieros pasan corriendo por la cuesta para que las mulas tengan tiempo de descansar. El chaval incluido.
Depues de comer tiene que regresar subiendo todo lo que hemos bajado y pasar el paso para llegar a casa. lo harán en día y medio. Que vida más perra.

Por fin llegamos a Santa teresa donde nos vamos a bañar a unas piscinas termales impresionantes. Nos quedamos horas en el agua a 25 grados.
Jorge en una ataque de astucia se queda 5 minutos fuera del agua y recibe su castigo. 73 picaduras de mosquito en la pierna derecha. Contadas. La otra pierna y la espalda igual.
Un ecce homo, vaya.

Aurelio se despide. Le regalamos al chaval un estupendo reloj que compramos en Huancayo que decía la hora y la alarma era un gallo que atronaba.

En la cena invitamos a cerveza a los cocineros y a los guía (nuestros y los de dos vinagretas holandesas que no paran de quejarse) El otro guía es un clon de Georgie Dann. Acabamos cantando la Barbacoa con él. Risas.
El cocinero del otro grupo nos cuenta las fiestas de su pueblo Chumivillas, donde un día todos los hombres se dan de ostias hasta que gana uno. El ha sido cmpeón dos veces. Sus dientes lo atestiguan. Se muere de risa con nosotros por que le decimos que las holandesas quieren que les sirva algo calentito en la tienda. Humor de 15 años. Más risas.

Al dái siguinte caminata hasta una estación de tren que nos llevará a Aguas Calientes, antesala de Machu picchu o Mapi, como todos los llaman aquí.

Y ayer, por fin llegamos.
Es espectacular. Se merece la fama que tiene.
Subimos a primera hora (nos levantamos a las cuatro de la mañana) y lo vemos con la niebla.

Ver las construcciones a esa altura, las terrazas donde cultivaban, los templos, todo colgando de esa montaña es algo que merece la pena ver una vez en la vida.

Y nos faltaba la ultima prueba. El desafío. El hombre contra sí mismo.
Subir al monte de Huayna Picchu, desde el que se ve la ciudadela. Sólo verlo acojona. Subir acojona más.
Jorge vs sus vertigos.
La subida es rompedora y no tenemos las piernas para muchas alegrías.
¿subimos?? nos preguntamos
Por supuesto que sí.
Sudamos como perros y hay sitios en los que no quieres mirar para abajo. Llegamos a un paso en que hay que arrastrarse por un agujero donde no cabe la mochila en la espalda.
No nos vence ni la claustrofobia. Arriba llegamos.
Jorge agarrado a la pared como un cagao y con ligera flojera de piernas, pero allí estamos. En
todo lo alto.
La vista es de cine. No te crees que está allí.

Bajamos y nos quedamos toda la tarde sentados en las escaleras de la ciudad viendo el paisaje. Conocemos gente que se para a hablar con nosotros.
Un día para recordar.

Volvemos a Cuzco muertos pero con la sonrisa en la boca.

6 comentarios:

sra manitas dijo...

agotada, en serio he acabado de leer esto.. diosss q animalitos!!!!

antonio fuentes dijo...

hijo, siento una mezcla de admiracion envidia,temor de madre,y un desbordamiento de cariño inmenso.Sois los protagonistas de una novela que estoy leyendo, por entregas tan emocionante,tan requebien escrita que me tiene emocionada. besos a mansalva. Mama. P.d. solo escribo por lo del regalo......

Anónimo dijo...

No tengo palabras.
Sois mis heroes, semidioses.
Juro por mi cintura perdida, que un día veré lo mismo que habeis visto vosotros.
Envidia one more time

javi mejuto dijo...

La verdad es que tanto para Javi como para mi la experiencia del Camino Inca (versión más turista del senderismo vuestro pero con idéntico final: Machu Picchu) fue sencillamente IM - PRESIONANTE. La organización, aunque más numerosa en gente caminando a la vez, muy buena. El recorrido por la montaña y las ruinas que te encuentras por la ruta alucinantes. Es increible como los guías y porteadores te daban mil vueltas en resistencia, a pesar de que solo llevaban unas sandalias de goma algo más que rotas, dormían en una manta tirada en el suelo y cargaban tiendas, comida y dos mochilas de turistas a la vez y llegaban al sitio de acampada tres horas antes que tú. Mientras tanto tú, con tus botas de andar requetebuenas, tu forro polar cortavientos e impermeable marca TRANGO, tus pantalones que tienen GORETEX y abrigan a la vez que no dan calor y se secan super rápido en caso de que se te mojen y tu mochila solo con lo fundamental para el día llegas rendido al campamento y sin poder hablar hasta dentro de un rato porque no te quedan fuerzas. Y eso que lo nuestro te lo juro fue mucho más sencillo porque no llovía, no estaba embarrado el camino, no pasamos por ningún sitio tan temerario como vosotros contáis y cuando llegamos a Machu Picchu no tuvimos valor de continuar hasta el Huayna Picchu. Simplemente nos quedamos anonadados con ese amanecer en una ciudad alucinante enclavada en un sitio aún más increible y merodeamos por las ruinas durante largas horas. Desde luego una experiencia a recomendar a cualquiera. Y si yo lo hice, resiste cualquiera, que yo no tuve que demostrar tanto mi hombría como vosotros... Se me pone la sonrisa de oreja a oreja solo de acordarme de la experiencia. Si es que viajar es de lo mejor que hay en la vida (hasta hace poco decía que era lo mejor. Ahora lo he cambiado un poco).
Yo digo lo que tu madre, me encanta leer lo que escribis y llego todas las noches pendiente de la última entrega de la telenovela...
Besos a los dos.
Judit

Unknown dijo...

igual llego tarde con la recomendación, pero si todavía estáis en Cuzco, no dejéis de visitar el museo de Arte Precolombino. Yo no soy muy de museos, pero éste está muy bien montado: es muy didáctico, se ve rápido y le saca mucho partido a las piezas que tiene.

nuncadejaunodeasombrarse dijo...

Gracias a todos por los comentarios. Pero un diez a mi madre, cogiendo el teclado por montera. Eres grande, madre.

El museo precolombino visto. Efectivamente muy didactico.

Jorge